Estado policial y experimento Minneapolis – Asociación Custodia Compartida de Alicante

Estado policial y experimento Minneapolis

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Abel de Céspedes Gamero
Todo el mundo sabe que las detenciones son automáticas en el ámbito de la violencia de género, pero prácticamente nadie sabe la razón de que esto sea así. Los mas versados en el estudio de la violencia de género suelen referirse a los protocolos policiales de actuación, pero en ellos no vas a encontrar ni una sola frase que indique que deba procederse a la detención automática de todos los hombres denunciados por violencia intrafamiliar. No falta quien achaca las detenciones generalizadas al miedo que existe en los agentes de policía, que prefieren detener  de forma preventiva “por si acaso”, y para guardar sus espaldas. Nadie ha sabido explicarme quien ha instaurado ese miedo.
Lo que casi nadie sabe es que la detención generalizada de hombres denunciados por violencia de género surge de un experimento de criminalística  realizado en Minneapolis  en los primeros años 80. Lawrence  W Sherman concluyo que la detención inmediata de los hombres denunciados por maltrato tenía un notable efecto disuasorio, y esto bastó para que el aparato feminista apoyara la detención automática de los varones denunciados por violencia domestica, llegándose a dictar leyes de arresto obligatorio en 22 Estados de EEUU.
Los supuestos beneficios de la detención automática de los varones denunciados por maltrato han sido internacionalmente admitidos de forma dogmática, y ello a pesar de que el propio autor del estudio los desmintió:  “Los resultados  del experimento sobre violencia domestica no han sido, no obstante,  corroborados por replicas posteriores. Por ahora, tres replicas no han encontrado efecto disuasorio alguno, mientras que otros dos encuentran alguna evidencia de un cierto efecto disuasorio junto a evidencia de lo contrario. Mi propia réplica del experimento en Milwaukee, que no encontró efecto general, descubrió así mismo que esto reflejaba dos reacciones diferentes: la detención servía para disuadir a los sujetos que tenían empleo, mientras que a los desempleados los hacía mas violentos.”
Llama la atención, que el “experimento Minneapolis” está siendo utilizado incluso después de haber sido desmentido por su propio autor. Así, por ejemplo, en un estudio sobre “efectos preventivos generales de las penas privativas de libertad ante la violencia de genero (2008)” el  profesor de la UNED Carlos Vázquez González dice: “El éxito de esta medida (detención automática del hombre) fue indudable, lo que unido al elevado nivel de publicidad que obtuvo, produjo que una gran parte de Estados Norteamericanos  modificaran su legislación para imponer el el arresto a los casos de violencia domestica, funcionando también a modo de catalizador  para cambiar muchos comportamientos, y en particular, actitudes y prácticas policiales”. Es precisamente esta ultima afirmación del profesor  Vázquez la que mas me preocupa, porque es verdad que el experimento Minneapolis ha cambiado las prácticas policiales, provocando que los policías detengan a los hombres de forma generalizada, y lo peor es que ese elevado nivel de publicidad a que alude el profesor Vázquez ha ocultado de forma premeditada las evidencias posteriores del experimento que demuestran que la detención genera en muchos casos un aumento de la violencia.
Pero lo verdaderamente aterrador es que, en general, la policía –incluso los agentes mas especializados- desconocen que la detención generalizada de hombres responde a una practica policial adoptada a raíz del experimento Minneapolis, cuya existencia, así mismo desconocen,  y en defecto de una formación histórica que les permita comprender la evolución de las formas de actuación policial, atribuyen ese fenómeno a un temor generalizado de los agentes a lo que pueda pasarles –a ellos- si no realizan la detención de todos los hombres denunciados por maltrato. Tal es el estado de confusión generado por el aparato de propaganda feminista que los agentes detienen a todos los hombres, sin saber que esta práctica policial tiene su origen en el experimento Minneapolis.

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